La vida es tan solo la suma de magníficos errores

viernes, febrero 09, 2007

FUGITIVO

Soy fugitivo desde que soy consciente,
No tengo ayer, ni cuentas pendientes.
Sé mil maneras de decir adiós,
Bolsillo agujereado es mi corazón.

No quiero ser dueño de nadie,
No queda sitio en mi equipaje.
No tengo llaves, ni cerrojos,
No tengo mapas, no sé donde voy.

No pidas más,
No me pidas más,
En mi maleta no hay lugar,
Para tu soledad….

No soy quien crees,
No, no soy quien crees,
No tires a la fuente un real,
Por un fugitivo como yo.

Puedo posarme en tu palma,
Antes que la cierres echaré a volar

domingo, diciembre 24, 2006

TRES

El tres es un número que siempre me ha fascinado. En casi todo lo que me rodea gobierna el tres. Y para no perder esa costumbre vivo un perfecto “trío” de emociones.
Es un trío en tres sentidos, como no podía ser de otra forma, porque somos tres, porque jamás podré amarlos como verdaderamente amo a otra persona y porque ellos jamás han amado a nadie antes. Me siento tan a gusto con ellos, su inocencia me abruma y me hace regresar a aquellos momentos en los que amar significaba disfrutar del otro, en este caso de los otros.
En algunos momentos tengo la sensación de que solo somos dos, o de que son dos y yo no existo. Pero esos momentos son fugaces. Constantemente necesitamos los unos de los otros como si siendo dos fuéramos incompletos. No puedo asegurar cuánto durará este tres, pero quizás sea tan efímero como el mismo número.

Feliz solsticio de invierno a todos los verdaderos creyentes.

miércoles, octubre 25, 2006

La vieja pastelería.


Hoy he pasado por la vieja pastelería. Se me ha ocurrido comprar unos pequeños pasteles y llevarlos a casa.

He entrado y como siempre, la chica que trabaja allí me ha saludado muy cordialmente. Ha sonreído tímidamente y ha cogido un pequeño papel dorado y rojo con el que envuelve los pasteles, en ese momento he comenzado a sentir vergüenza. Su risa me ha hecho sentir incómoda y tonta, como si ella pudiese saber que aquellos pasteles eran para ti. Como si lo que estuviera a punto de hacer, fuera lo más estúpido del mundo. Entonces me he dicho a mi misma, ¡todo son suposiciones tuyas, ya vale!

He elegido un pastel de fresas para mi y uno de chocolate para ti. Sé que son tus favoritos y no puedo evitarlo. Me fascina la cara de niño goloso que pones cuando miras uno de esos pequeños pasteles.

Una vez fuera de la tienda con los dos pasteles en la mano, perfectamente envueltos en ese papel dorado y rojo, y con una cinta blanca en forma de lazo he pensado: - ¡Le va a encantar! ¡Están envueltos en sus colores favoritos! He sonreído y he dado la vuelta a la esquina.

Tras un par de manzanas he llegado a la puerta de casa, he metido las manos en el bolso y he sacado las llaves. Con las llaves en una mano y los pasteles en la otra me he dado cuenta de que no podía subir. De que no sabía ni siquiera si estarías allí, de que jamás te había devuelto las llaves. Y que pasado el tiempo, aunque aquella pastelería se encuentra en la misma calle, aunque nuestra casa está en el mismo lugar, aunque las llaves siguen en mi llavero,…todo ha cambiado.

Así que he dado media vuelta, he guardado las llaves de nuevo en el bolso y me he ido a casa.
Quizás otro día las necesite, quizás mañana te apetezca una visita dulce. ¿Quién sabe? Seguiré comprando pasteles siempre que me apetezca y algún día tendré el valor para subirlos de nuevo.

domingo, septiembre 24, 2006

Otoño

Hoy ha sido uno de los días más bonitos del año. Hoy he sentido que el otoño ha llegado de nuevo a mi vida. Me encanta esta estación, el color que tienen las cosas con un tono de luz más tenue. Y sobretodo los días en los que como hoy, no para de caer esa lluvia persistente y discontinua. Hoy era esos días en los que paseas por las calles dejándote empapar por esas pequeñas gotas de agua o que simplemente sacas una vieja chaqueta de lana del armario (que solo guardas para estas ocasiones y que posiblemente perteneciera a tu madre o tu abuela) y te sientas junto a una ventana a escuchar el ruido de la lluvia al caer. Y dejas que una enorme sensación de melancolía de envuelva, recuerdas momentos felices y tristes, te abrazas fuertemente a esa prenda que tanto aprecias y ves las gotas de lluvia deslizándose por el cristal … y piensas en que es uno de los momentos más bonitos que has vivido en soledad.

Yo una vez, creí estar enamorada y pensé en diseñar una tarde como esa para dos, con una manta negra con flores de colores que había tejido su madre. Pero nunca sucedió.
Lo bueno de esos días es que no los puedes prever simplemente ocurren.
Así que la próxima vez, llevaré siempre conmigo esa prenda con la que abrigar a esa persona especial. Quizás ya no esté conmigo, y vuelva a verme sola mirando a través de la ventana o quizás sí, como ya he dicho nunca se pueden prever esos días como nunca puedes prever con quién estarás cuando la lluvia llegue…

sábado, septiembre 02, 2006

Una canción para recordar

En otro post Pk me mandaba una canción bien familiar, que siempre ha estado muy presente en la larga estrofa de mi vida, como si de un estribillo insistente se tratara. Pero fue grato, descubrir que no solo ha formado parte de mi historia sino también de la muchos otros.

Mientras escribo estas líneas estoy escuchando otra canción que para mi es preciosa, Moon River cantada por la dulce voz de Audrey Hepburn. La siguiente canción, da un salto diametral en mis emociones y me transporta un momento menos alegre, pero la música me envuelve y no puedo dejar de escuchar la temerosa voz de Bjork en I´ve Seen it all.
Cierro los ojos y me dejo llevar por la simple melodía hasta que la música sube y la voz estridente de Bjork comienza a gritar y me enfurezco guiada por la emoción que ha traído a mi mente y por su recuerdo vivido en el presente.
Cuando comienzo a avistar el atisbo de una pequeña lágrima saliendo de mis ojos escucho el sonido del tren alegándose y recuerdo también ese tren que no cogí, ese avión al que no fui capaz de subirme y todas las oportunidades perdidas. ( por no estar allí cuando más debía haber estado, por no haber hecho el últmo esfuerzo aunque seguía mereciendo la pena luchar por ello)

Pero antes de poder entristecerme la canción cambia y escucho a Ray Charles, diciéndome que hay un lugar bajo el arco iris. Vuelvo a sonreír y a recordar mi niñez y los momentos felices mirando las estrellas...

Existen ocasiones en las que algunos olores, sensaciones, o simplemente canciones nos hacen recordar momentos vividos, pasados, presentes y futuros. Momentos en los que nuestra sensibilidad se haya a flor de piel, momentos en los que somos un cúmulo de emociones y al mismo tiempo un vacío enorme. Todos esos momentos tienen para mi una Banda Sonora que las acompaña.

En mi caso en lo mejores y peores momentos, resuena en mi cabeza aquella canción que dice:

I see trees of green,
red roses too
I see them bloom
for me and you

And I think to myself,
what a wonderful world

I see skies of blue
and clouds of white
The bright blessed day,
the dark sacred night

And I think to myself,
what a wonderful world

The colours of the rainbow,
so pretty in the sky
Are also on the faces
of people going by
I see friends shakin' hands,
sayin' "How do you do?"
They're really saying "I love you"
I hear babies cryin',
I watch them grow
They'll learn much more
than I'll ever know

And I think to myself,
what a wonderful world

Yes, I think to myself,
what a wonderful world

viernes, septiembre 01, 2006

“El verano es una noche sin reloj y un patio sin colegio”

Hasta las más tontas ocurrencias pueden darte una lección en la vida, por mucho que pienses que lo sabes todo.
Tristemente diremos adiós… y asumiremos lo aprendido con mayor entereza.

Dedicado a M.

lunes, agosto 07, 2006

SILOGISMOS DE AMARGURA?

El pesimista debe inventarse cada día nuevas razones de existir: es una víctima del «sentido» de la vida.

Para vengarnos de quienes son más felices que nosotros, les inoculamos -a falta de otra cosa- nuestras angustias. Porque nuestro dolor, desgraciadamente, no es contagioso.

Fuera de la dilatación del yo, fruto de la parálisis general, no existe ningún remedio contra las crisis del abatimiento, contra la asfixia de la nada, contra el horror de no ser más que un alma dentro de un salivazo.

Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede?. Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez «tocado», ya no soy yo quién decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir. Preguntarse si se es libre o no: bagatela a los ojos de un espíritu a quien arrastran las calorías de sus delirios. Para él, ensalzar la libertad es dar pruebas de una salud indecente. ¿La libertad? Sofisma de la gente sana.

En la Antigüedad, el filósofo que no escribía, pero pensaba, no se exponía al desprecio; desde que nos postramos ante la eficacia, la obra se ha convertido en el absoluto del vulgo; a quienes no producen se les considera «fracasados». Sin embargo, esos «fracasados» habrían sido los sabios de otros tiempos; ellos rehabilitarán nuestra época por no haber dejado trazas en ella.
Si alguna vez has estado triste sin motivo, es que lo has estado toda tu vida sin saberlo.

Nosotros nos parapetamos detrás de nuestro rostro: al loco le traiciona el suyo. El se ofrece, se denuncia a los demás. Habiendo perdido su máscara, muestra su angustia, se la impone al primero que llega, exhibe sus enigmas. Tanta indiscreción irrita. Es normal que se les espose y se les aísle.

Don Quijote representa la juventud de una civilización: él se inventaba acontecimientos; nosotros no sabemos como escapar a los que nos acosan.

Para dominar a los hombres hay que practicar sus vicios y añadir a ellos alguno más. Véase el caso de los papas: mientras fornicaban, practicaban el incesto y asesinaban, dominaban el mundo y la Iglesia era omnipotente. Desde que respetan sus preceptos, su poder se degrada: la abstinencia, lo mismo que la moderación, les ha resultado nefasta; convertidos en personas respetables, nadie les teme ya. Edificante crepúsculo de una institución.



Nadie puede conservar su soledad si no sabe hacerse odioso.

Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.


«Señor, sin ti estoy loco, pero más loco aún contigo

Cuando, por apetito de soledad, hemos roto nuestros lazos con los demás, el Vacío nos embarga: nos quedamos sin nadie a nuestra disposición. ¿A quién liquidar ahora? ¿Dónde encontrar una víctima duradera? -Semejante perplejidad nos abre a Dios: al menos con El estamos seguros de poder romper indefinidamente...

En la búsqueda del tormento, en la obstinación de sufrir, únicamente el celoso puede competir con el mártir. Sin embargo, se canoniza a uno y se ridiculiza al otro.

¿Quién abusaría del sexo sin la esperanza de perder en él la razón algo más de un segundo, para el resto de sus días?

Si Noé hubiera poseído el don de adivinar el futuro, habría sin duda naufragado.

Sin poseer la facultad de exagerar nuestros males, nos sería imposible soportarlos. Atribuyéndoles proporciones inusitadas, nos consideramos condenados escogidos, elegidos al revés, halagados y estimulados por la fatalidad. Afortunadamente, en cada uno de nosotros existe un fanfarrón de lo Incurable.

E.M.Cioran, «Silogismos de la amargura». Pensador apátrida, nacido en Rumania en 1911 y muerto en París en 1995.

miércoles, julio 19, 2006

Placenteramente Doloroso


¡Qué rico el sabor
de la derrota!,
¡qué bien se siente
morir un poquito por dentro!,
¡qué gusto da
cuando te equivocas!.

Con el velo puesto enamoras,
juegas un rato…
Fatalmente seductor.
Te aburres rápido,
muestras tu cara
y de que sufran te cercioras…

Nunca perdonas.
Yo sé qué está bien
y qué está mal,
pero no sé diferenciar.
Me falta aprender todavía…

A no enamorarme
de lo que deseo,
a dejar libre
lo que no tengo.


Cuando muere un sueño
no queda más que el entierro,
de donde estaba a la realidad
había un gran trecho,
y aunque duela…


Tu recuerdo me será placentero.

jueves, julio 13, 2006

Un año

Después de mucho esfuerzo y no menos trabajo, he conseguido aquellas metas que en un momento de desesperación logré establecer. He aprobado los exámenes, he conseguido trabajo y vuelvo a ver aquella luz que hace tiempo pensé haber perdido.
Cuando comento todas estas cosas con mis seres queridos no recibo más que elogios. Pero no puedo evitar, tener la extraña sensación de que no estoy yendo en ninguna dirección. Sino todo lo contrario…
Me veo a mi misma un año antes, y no veo ninguna diferencia. Si bien es cierto, que soy de aquellas personas que temen en demasía los cambios (aunque siempre he admirado aquellas personas impulsivas que son capaces de vivir bajo el influjo de sus emociones abandonado por completo la realidad) también es verdad que la estabilidad que controla mi vida me aterra.
Pensar que he perdido un año de mi vida (que se escapó de mis manos sin poderlo evitar) que no ha habido grandes cambios, ni grandes historias que contar, ni logros que merezca la pena mencionar, hace que conseguir las metas realistas y establecidas de antemano concienzudamente pierda todo su interés.
Realmente no sé que piensa el resto de la gente, sobre esta cuestión. Pero me encantaría saber si verdaderamente “todo fluye” o “todo es”. Supongo que cada cual tenemos nuestros propios dilemas personales, pero lo que si está claro es que el “aquí y ahora” que tanto predico es quizás más adecuado para personas más emocionales y menos convencionales.
Se puede decir que en este año me han pasado muchas cosas, pero quizás todo esté en mi percepción y no sepa valorar aquello que ocurre, aquello que fluye, aquello que es…

miércoles, junio 07, 2006

666

Un amigo me pasó estas líneas y he decidido dejároslas para conmemorar el día de la bestia.
No solo es el 6 de junio de 2006 la fecha en la que se reencarnará el hijo del “ángel caído” ( a pesar de que nos cansemos de decir que el número no es más que una referencia a Nerón) sino que también es la fecha elegida por la “ fábrica de sueños/pesadillas” para estrenar un remake ( previsiblemente aborrecible, voy a callarme porque ya me estoy pareciendo a Antonio Gasset) de la conocida Profecía de Richard Donner.

El niño Damián, vuelve tras treinta años (hay que ver que bien le sienta envejecer a aquellos que están del lado del maligno, habrá que ir pensándoselo en lugar de tanta cirugía) para asustarnos. Así que he decidido dedicarle estas líneas a todos los que se han creido que les iba a ocurrir algo malo:

Y sí…

Si el 6 fuese 9
El diablo sería 999

Si la cruz significara anarquía,
Los buenos las llevarían invertida

Y la iglesia fuese un pub,
Yo asistiría todos los días.

Si Jesucristo fuera estrella de cine,
Quizás más gente le seguiría.

Si las montañas se derrumbaran,
Tendríamos mejores vistas.

Si la Biblia fuese más corta,
Tal vez más gente la leería.

Si Dios respondiese a mis oraciones
Llevaría una vida más tranquila.

Si tuviese fe,
No sé en que demonios la depositaria.

Si el sol fuese luna,
La noche sería día.

Si el cielo fuese tierra,
Estaríamos todos patas arriba.


Gracias Javi.

domingo, mayo 21, 2006

El infierno de Grace.





Hace un par de noches, en una cena entre amigos, comentábamos entre otros temas nuestras opiniones sobre cine. En esta ocasión, le toco el turno a mi admirado Lars Von Trier. Y en concreto hablábamos de Dogville y Manderlay. (Las dos entregas de la trilogía “América, país de las oportunidades.”)

Ambas son todo un deleite para el verdadero devorador de historias, ya que las presenta dejando de lado cualquier artificialidad que nos aparte de ellas. Abandona los decorados para mostrarnos una obra teatral en la que lo importante es la figura del narrador, la interpretación impecable de los actores y la historia. Sin embargo hace un uso exquisito del sonido para otorgarle un mayor grado de realidad y dramatismo. Todo movimiento de los actores está perfectamente acompañado por un sonido real, las pisadas sobre las piedras de la calle, los pomos de las puertas, los gruñidos del perro, etc.…
También es destacable el uso de música de cámara para las escenas de mayor intensidad dramática.
Al principio, para todos los que estáis acostumbrados al cine comercial, puede parecer extraña y desconcertante la falta de recursos de decorado. Pero durante el transcurso de la historia dejas de notar su falta y hasta comienzas hacer un ejercicio de imaginación (como cuando lees un buen libro) y la calle del álamo comienza a estar asfaltada, comienzas a ver los viejos dinteles de las puertas e incluso puedes imaginarte qué cuadros colgarían de las paredes de la consulta del doctor.

Dogville, la había visto ya hace más de un año. Pero la segunda, la conocí gracias a que alguien del trabajo me habló de ella.
En Dogville, la primera historia de Grace, se nos muestra la vida de un pequeño pueblo de Colorado. Pueblo ajeno a todo lo que pasa tras el angosto paso de carretera que llega hasta él, al que termina llegando la inocente Grace. Es un personaje fascinante, la elección de Nicole Kidman y posteriormente de Bryce Dallas Howard es perfecta. Ambas mujeres presentan físicamente una gran fragilidad (caras dulces, piel blanca y una fisionomía enclenque) solo contrarestada con la fuerza que extraen de los férreos ideales de su personaje.

Como toda buena historia de xenofobia, a los tranquilos habitantes de aquel lugar no parece agradarles su presencia ya que como dicen “nadie la necesita” pero poco a poco se van dando cuenta de lo útil que resulta tener a alguien con la imperiosa necesidad de se aceptado. Alguien que hará cualquier cosa para formar parte de algo “superior” a sí mismo. Todo el pueblo decide aceptar a Grace, no sin antes exigirle un elevado precio de sumisión y servidumbre. Ha de ganarse el derecho a vivir allí. Y ha de ganárselo con creces, dejándose humillar y sin tener derecho a elegir sobre su propia vida.

Pues bien, esta situación es la que viven millones de inmigrantes en todos los países desarrollados. Llegan a un lugar donde sus gentes se consideran un grupo unificado, en oposición al extranjero. Trabajan en lugares donde deben ser, o por lo menos parecer, seres superiores a la media. Deben ganarse el derecho a respirar el mismo aire que nosotros respiramos, y eso solo se consigue siendo una persona excepcional. A pesar de que el grupo al que quieran unirse no pueda ni siquiera compararse con la suela de su zapato.

Este es el caso. Todos en Dogville tienen algo que ocultar. Poseen un lado oscuro que son incapaces de reconocer pero que es sabido por todo el pueblo. Ese ambiente de falsas apariencias, Grace se convierte en la exponga de sus peores pecados. Porque cuando nuestros instintos se apoderan de nosotros, demostrando así que somos humanos, es mejor culpar al que es diferente y seguir ocultándonos tras la cortina de la socialización.

La vida de Grace se convierte en un verdadero infierno, puesto que aquellos a los que tanto deseaba agradar se sienten inseguros cuando entienden que ella ha sido capaz de ver que en absoluto son perfectos, como tratan de mostrar, y aún la temen más cuando al no poder achacarle las mismas debilidades esta decide no revelarse y aceptar que son imperfectos y que por lo tanto debe perdonar las insidias a las que ha sido sometida durante su estancia en Dogville. Ella se resiste con todas sus fuerzas a tratar a las gentes del pueblo de la misma manera. Trata de ser el máximo exponente de la bondad, acorde con su idealismo, pero todos sus esfuerzos solo la llevan a ser utilizada por aquellos a los que en su inocencia considera “amigos” (como es el caso de Tom)

Para mí la historia de Grace, tanto en Dogville como en Manderlay, es una historia de desengaño con la raza humana. Son historias en las que Grace se va deshaciendo de su ingenuidad e idealismo infantil, para darse de bruces con la retorcida naturaleza humana.

domingo, mayo 14, 2006

¿Compartimos un taxi?

Era una noche como cualquiera, mi amiga me había suplicado que nos viéramos en el centro, que necesitaba verme, que pronto se marcharía y que quería que pasáramos las últimas horas que estaría en la ciudad, juntas.

El reloj de mi ordenador marcaba la una de la madrugada, había estado toda la tarde escribiendo, tenía los ojos cansados y la espalda me molestaba por haber pasado horas sentada en la misma postura. Aún no había terminado de escribir pero me encontraba en uno de esos momentos en los que parecía que por mucho que escribiera nada iba a acabar de convencerme del todo.
Así que en estas condiciones, decidí que era más provechoso hacer aquel viaje al centro y disfrutar de aquella compañía. Pensé que con la hora que era aún tenía tiempo para coger uno de esos autobuses nocturnos, que tantas otras veces me habían devuelto tras interminables horas de pasión a la fría realidad de mi vida normal.

Me dirigí a la parada y observé que según los horarios marcados solo faltaban 10 minutos para que pasara el último coche. Menuda suerte- pensé.
Comencé a esperar el autobús sola, con la única compañía de la música de mi mp3 cuando de repente apareció él. Era un hombre bajito, moreno con el pelo corto y una gran sonrisa que me dedicó nada más llegar a la parada. Vestía una camiseta blanca, chaqueta de lana negra y vaqueros. Tímidamente me preguntó si aún pasaba algún autobús por allí. Le dije que sí que según el horario no faltaría mucho para que llegara el último. Bueno, pues esperaremos juntos- contestó y volvió a dedicarme otra sonrisa.
Mientras los minutos pasaban, yo no podía dejar de mirarlo. Observaba su ropa, su manera de moverse y al mismo tiempo no podía dejar de pensar en que pronto pasaría el autobús y ya no podría mirarlo más.

Con una estúpida excusa, como la de pedirme fuego, comenzamos hablar. Pareció como si el tiempo se detuviera, hablamos de arte, de otras ciudades, de otros países, de las diferencias culturales y porqué no de nosotros mismos. Cada palabra que salía de su boca lo hacía más tractivo ante mis ojos. Comencé a notar una atracción inmensurable que me recorría y que ya hacía bastante tiempo había dejado de sentir. En aquellos instantes, en los que yo me regodeaba en aquellas emociones olvidadas, fue cuando sonó el teléfono. Era mi amiga, extrañada por no haber acudido a nuestra cita. Entonces miré el reloj del móvil (no suelo llevar reloj de pulsera) habían pasado más de 50 minutos y casi no lo habíamos notado. Habíamos creado una especie de burbuja con nuestra conversación y nuestras miradas, que había hecho que nos olvidáramos de cual era nuestro destino.

Devuelta de nuevo a la realidad, le comenté a mi acompañante la hora que era y que posiblemente por allí ya no pasarían más autobuses. Él me ofreció una posibilidad diferente, si pasaba algún taxi lo compartiríamos. En ese momento una mujer de la que no nos habíamos percatado detuvo el único taxi que por allí pasaba. Decidido se dirigió hacia ella y le preguntó ¿te importa si compartimos el viaje? No llegué a escuchar las palabras de aquella mujer pero él me hizo una señal con la cabeza y me dirigí al taxi.

Me encontraba en una situación cuanto menos extravagante, ya que estaba sentada en un coche con dos personas que no conocía. Pero no me importaba, no me sentía insegura y realmente no quería pensar en las consecuencias de esa acción, tan solo quería disfrutar de su compañía.

A los cinco minutos de viaje, se giró hacia mí y me dijo:

–Por cierto, me llamo Sebastián.

Me dio dos besos en las mejillas y respiré aliviada, ya que el objeto de mi deseo tenía un nombre al que poder referirme. Y era un nombre no muy corriente como si fuera un nombre destinado sólo a personas como él.

Durante el viaje, que para mí duró apenas unos minutos, seguimos nuestra interesante conversación detenida por el sonido de mi móvil. Y yo disfrutaba de nuestra mayor proximidad física.
De pronto, el taxi se detuvo. Él había llegado a su destino pero yo aún debía recorrer más trayecto para recoger a mi amiga. Cuando salió del taxi, no pude evitar poner una de esas miradas tristes de los anuncios de mascotas. No sabía como podía hacerle saber que no quería que aquello terminara ahí. Entonces volvió a meter la cabeza en el coche y se despidió de mí con un bonito beso en los labios y un:

- volveremos a compartir un taxi.

jueves, mayo 11, 2006

Sobre el amor


Algunos comentarios sobre el amor sin egoísmo en otros blogs me han hecho pensar. Así que aquí dejo un par de líneas para que reflexionemos un poco más al respecto.

Te encuentro…
Te escucho…
Te hablo…

Te abrazo…
Te beso…
Te tengo…
Te aprieto…
Te abrazo…
Te absorbo…
Te asfixio

¿Te quiero?

SIN U

Escribiendo sin "U"
puedo hablar de mi cansancio,
de lo mio, del yo,
de lo que tengo,
de lo que me pertenece...
hasta puedo escribir de él,
de ellos
y de los demás.


Pero sin "U"
no puedo hablar de ustedes,
del tu,
de lo vuestro.
no puedo hablar de lo suyo,
de lo tuyo,
ni siquira de lo nuestro.

Así me pasa...
A veces pierdo la "U"
y dejo de poder hablarte,
pensarte,amarte,decirte.

Sin "U" yo me quedo pero tú desapareces...
Y sin poder nombrarte,
¿cómo podría disfrutarte?
Como en el cuento...si tú no existes
me condeno a ver lo peor de mí mismo
reflejándose eternamente
en el mismo,
mismísimo,
estúpido
espejo.

B.J


MATAN LO QUE AMAN
Y todos los hombres matan lo que aman,
que lo oiga todo el mundo,
unos lo hacen con una mirada amarga,
otros con una palabra zalamera;
el cobarde con un beso,
¡El valiente con una espada!

W,O.

sábado, mayo 06, 2006

Aquellas noches



Los primeros rayos del sol se deslizaban con suavidad por la habitación, incidiéndose sobre su cara, clavándose en su alma como pequeñas astillas que se quedarán junto a ella para siempre.

La claridad del día rompía el idílico silencio, mientras, la frialdad se fundía al contacto con la luz.

Entonces comenzó a llorar, trató de ocultarse tras la blanca colcha que cubría la cama, intentando escapar del día y se dejó envolver por la melancolía. Entones, decidió levantarse y anduvo apoyada en las paredes de la habitación hasta que cayó al suelo casi sin respiración.

Los celos se hacían dueños de sus pensamientos, ecos de la traición que la hacían enloquecer. Ello la condenó a la soledad eterna, sin más esperanza que el tiempo o la muerte, haciéndole olvidar la belleza humana, el calor de un beso o los secretos que se ocultan tras caricias y miradas.

Una vez más, la luz del día había hecho desaparecer su recuerdo y volvió a sentir aquel dolor que tanto la atormentaba. Él, que durante horas la abrazaba, que se mostraba frío y distante mientras ella disfrutaba de su paz y dormía anestesiada por su aroma. Ese al que tanto ansiaba, comenzaba a desvanecerse con los primeros rayos de luz.

Pensó desolada en el tiempo, que testigo de su dolor, la cautivaría hasta el anochecer. Sentía cómo su piel se desgarraba cada vez que un haz de luz se posaba sobre ella arrancándole su felicidad.

Entonces comenzó a notar que el despertar del día iba haciéndose cada vez más lento, que dejaba de escuchar los sonidos provenientes de la calle y que comenzaba a oír un pequeño sonido irregular. Decidió aprovechar la oportunidad que le brindaban esos segundos de paz para correr todas las persianas de la casa y quedar de nuevo al amparo de aquella oscuridad.

Era uno de esos días de verano en los que las noches se retrasan sin compasión. Ella había permanecido en la oscuridad de su hogar durante horas, esperando que llegara la noche, esperándolo (como todas las demás noches) a él.

Con la llegada de la noche decidió partir. Salió de casa en dirección a la playa. Una vez en aquel lugar, respiró profundamente inundando sus pulmones de la magia que le rodeaba y extendió sus brazos hacia el vacío.

Entonces dio el paso que la llevaría a la eternidad, sintió como el mar se apoderaba de su cuerpo desnudo y su vida se escapaba con cada gota de agua salada que entraba en sus pulmones.

Entonces se limitó a sonreír y pronunció un "te quiero" que tan solo la noche pudo oír.


Dedicado a I.

jueves, mayo 04, 2006

Translúcida




Ya pasó bastante tiempo desde que me dispuse a escribir,
y hasta ahora mi papel siente que aún existo,
pues espero poder exhalar de este cuerpo translúcido,
de este sentimiento opaco de desesperación por tí...

y es que ya el mismo tiempo se encargó de describirte
como un relámpago en la noche de mi emoción,
como un roce de tu cuerpo que el viento me robó,
como una barca cuya ancla estaba hecha de pasión...

fue mi error tratar de colmar mi alma con tus besos,
esos besos que me embriagan y me hacen olvidar
que lo que busco es la luz de un alma atormentada,
una luz inconstante para mi poesía pausada y sombría.

Ahora tras el ocaso de aquel arrebato de pasión
aclaro que no fuiste una elección venenosa...
sino la respuesta incorrecta a mis ansias de vida,
como una copa de vino para una sed intranquila...

martes, mayo 02, 2006

Érase una vez...



Érase una vez…todos los cuentos e historias que nos han contado a lo largo de nuestra vida comienzan con esta exquisita premisa. Parece que cualquier historia que no esté precedida de estas tres palabras no contiene una experiencia vital reafirmante o una lección lo suficientemente sabia como para prestarle la adecuada atención.

Cierto es que el érase una vez…, nos hace pasar en un tiempo vivido, en un espacio pasado indeterminado en el que quizás las cosas fueron mejores para aquellos que los sufrieron. Correspondería por tanto con aquel famoso dicho de que; “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Pero como cualquier afirmación categórica ¿podemos estar seguros de que así es? Desde nuestro pequeño prisma del mundo podemos diferenciar los matices que el mundo, en conste cambio, nos ofrece pero somos incapaces de apreciar aquello de lo que disfrutamos en contraposición a aquello con lo que disfrutaban nuestros ancestros.

Tendemos a pensar en el pasado como algo excepcional, como si aquellas magnificencias mitificadas por el arte no pudieran volver a repetirse. Y en cierto modo, jamás se repetirán, no del mismo modo, nunca igual, recordemos que ya sabemos que jamás nos podremos bañar en un mismo río dos veces, porque si hay algo que caracteriza a la dimensión temporal es el hecho de la unidireccionalidad.

El tiempo pasado no puede repetirse, del mismo modo que el sueño perdido durante una noche de insomnio jamás se recupera. Sin embargo las personas seguimos atadas a nuestros pasados como si se tratase de lastres que no nos dejan flotar y nos hunden poco a poco en el más profundo de los océanos. Las operaciones de estética son la prueba más fehaciente de aquello de lo que os hablo, la gente desea recuperar la belleza que poseían cuando tenían 20 años sin llegar a comprender la utopía que supone, aquel tiempo ya pasó, voló como tantas otras cosas que nos suceden y hoy por hoy, la belleza que posees es la única que serás capaz de conseguir.

Pero este inmensurable deseo humano de recuperar aquello vivido es en lo que se fundamenta toda la publicidad que nos rodea, anuncios de cremas anti-arrugas, para evitar la alopecia masculina, recopilatorios de series de nuestra infancia, canciones para pensar en tiempos mejores, cremas para perder aquellos “kilos de más”, tintes para cabellos canosos y como no la “astuta” Corporación Dermoestética que nos dice: “si estás bien ahora, mañana puedes estar mejor”.

Pues debemos detenernos y decir ¡basta ya! Deberíamos apreciar nuestros cambios como lo que son; evoluciones de nosotros mismos. Evoluciones que contrariamente a lo que los científicos piensan no poseen una dimensionalidad evaluativa sino que son simplemente eso, cambios. Si queremos comenzar a cambiar esta estructura obsoleta, comencemos a contar nuestros cuentos con la siguiente fórmula: Hoy en día, en algún lugar…
Demostremos que el presente es lo importante y que somos nosotros “aquí y ahora” los que lo estamos escribiendo.

Dedicado a todos los gestálticos que dejen atrás el pasado y miren hacia delante sin preocuparse en el ayer ni el mañana.

sábado, abril 29, 2006

Sol y luna.



Mi vida transcurre cuando se apaga el sol. Parece como si este astro y yo no pudiéramos ponernos de acuerdo. Cuando llega la primavera y él comienza a salir antes, aunque de forma asustadiza, yo decido levantarme más tarde con tal de evitarlo. Parece como si mi reloj biológico prefiriera la luz tenue de la luna antes que la mayor candidez del sol. Pues para mí lo más fascinante es buscar esa candidez en su ausencia. Ya sé que puede sonar contradictorio, pero ¿qué no lo es hoy en día?

Mis amigos constantemente me preguntan porque vivo de noche, que en las noches aún hace frió y que las cosas no se observan con la misma intensidad.
Yo siempre les respondo que no es la intensidad lo que me atrae de las cosas, sino su supervivencia. Que sean capaces de verse igualmente bien con tan poca luz es algo que me fascina. Además no hay que despreciar nunca el poder de la luna.
Bajo la luna siempre ocurren cosas imprevistas, parece como si su oscuridad sirviera de manto para todo aquello que no queremos compartir con los otros. Si lo pensamos bien, las mejores cosas siempre pasan cuando cae el sol, grandes pasiones, fiestas nocturnas con amigos, fabulosos paseos, etc.

Una vez pensé que mis grandes equivocaciones las había cometido durante las noches y que siempre trataba de corregirlas por las mañanas. Por ese motivo comencé a odiar las noches, a tratar de evitarlas y desear ser una persona vulgar que solo vive de 8 a 8 de la tarde. Pero me di cuenta de que eso no era vivir, de que mis equivocaciones eran parte de mí, de mi naturaleza humana, de mi capacidad para ser imperfecta.

Volví a desear aquello que me ofrecía la luna, volvía a desear los colores tenues de la noche y la pasión vivida en todos mis errores. Encontré de nuevo la candidez en aquella oscuridad, encontré otra vez miles de abrazos, millones de paseos, y por supuesto encontré nuevos errores…pero estos ya no trato de corregirlos cuando sale el sol, puesto que he decidido vivirlos como lo que son: parte de mí.

jueves, abril 27, 2006

Un viaje en metro



Un día mientras viajaba en el metro, como tantos otros días, se sentó juntó a mí una chica.

Durante el comienzo de nuestro viaje ni siquiera me fijé en su presencia. Como siempre estaba enfrascada en la lectura de un libro, al cuál comenzaba a detestar puesto que aunque me había interesado mucho al principio como pasa con casi todas las historias, no había conseguido mantener mi atención. En aquellos momentos era completamente ajena a lo que ocurría a mí alrededor, simplemente estaba absorta en mis propios pensamientos sobre cómo iba a terminar aquella historia y sobre lo ridículo e increíble que me resultaba el personaje principal.

Sin embargo, en aquel momento comencé a notar un olor especialmente familiar. Algo que siempre me ha fascinado del sentido del olfato, es su incapacidad para recordar olores sin la presencia del estímulo necesario y lo fácilmente que relacionamos esos olores con otro tipo de recuerdos. Siempre me ha interesado, cómo somos capaces de recordar un color, una sensación táctil, un sabor o el sonido de una voz. Pero no podemos recordar un olor si este no está presente.

Pues bien ese olor, olor a moras parecido al olor que tienen las golosinas que comen los niños, ya lo había olido antes.
Existe la creencia de que, debido a la transpiración de nuestro cuerpo, un mismo perfume huele de forma distinta en cada uno de nosotros. ¡Pero es que esa chica olía de la misma manera!

Comencé a mirarla extrañada, puesto que supuse que ya la había conocido antes. Ella ni siquiera se dio cuenta de que la miraba, cosa bastante rara ya que no había prácticamente espacio entre las dos.
Cada vez me resultaba más interesante la situación, y a medida que pasaban los minutos me fui dando cuenta de que ella tampoco estaba muy receptiva a lo que ocurría a su alrededor.
Las paradas de metro iban pasando, una a una, y ella ni tan solo levantaba la mirada para saber en que punto de su viaje se encontraba. Lo cual era verdaderamente extraño, ya que todos los que viajamos en transporte público lo hacemos. Solemos evitar encontrarnos con las miradas de otros (como cuando uno va en un ascensor, fijando la mirada en la puerta o en el suelo del mismo) mirando hacia un punto fijo, o como yo suelo hacer, leyendo un periódico o un libro. Pero sin poder evitarlo y aunque estemos muy metidos en nuestras lecturas, cuando se detiene el metro todos miramos los carteles de señalización de las vías para saber con certeza dónde estamos y cuánto nos queda para llegar hasta nuestros destinos.

Pero esa chica no lo hacía, no levantaba la cabeza ni un segundo. Tenía la mirada perdida en el suelo del vagón y el pelo le cubría toda la parte de la cara que yo podía ver. Comencé a intranquilizarme, mi parada se acercaba y no llegaría a tiempo a saber quién era esa chica y por qué su olor me era tan sumamente conocido.

Casi a punto de llegar a mi destino, en mi desesperación por conocer la respuesta hice un amago de levantarme. Pretendía colocarme enfrente de ella para poder verla bien. Pero antes de que pudiera ni siquiera moverme, hizo un gesto brusco y se apartó el pelo de la cara colocándolo sobre el hombro. En ese preciso momento, me di cuenta de que estaba llorando. Las lágrimas se le deslizaban por las mejillas y caían sobre sus pantalones vaqueros, dejando en ellos una pequeña marca redonda.
Entonces el vagón se detuvo. Era mi parada. Me levanté del asiento y me dirigí hacia las puertas, no sin antes echarle un último vistazo a la chica. Volví a oler su perfume y me di cuenta de que era muy parecido a uno que yo tenía y que solía utilizar mucho.

Entonces encontré mi respuesta, ese olor no era más que la suma de aquel perfume y las lágrimas de una mujer. Por eso me resultaba tan familiar, por que olía a lo mismo que yo…

martes, abril 25, 2006

Noticias absurdas

Durante estas fechas “santeras” mientras veía el telediario, me sorprendió una noticia cuanto menos “interesante”.

El hecho es que una empresa de cine en Japón ha anunciado que próximamente sus clientes no solo podrán deleitarse viendo las películas que allí se proyectan sino que además, podrán olerlas. Si, si, olerlas…

Todo ello se realiza a través de un sistema informático que va a ser el encargado de poner olor a la primera película que se emitirá con estos efectos especiales: "El Nuevo Mundo"(tediosa elección, por cierto).

Ese sistema puede elaborar seis olores que llegan a la pituitaria de forma sincronizada con las escenas de la película desde unos aparatos distribuidos entre los asientos del cine. Aunque ya ensayaron esta nueva modalidad de "oler" cine con "Charlie y la Fábrica de Chocolate"(no puedo llegar a imaginar cómo debe ser el olor de un Humpa-lumpa), se trata, según aseguran los japoneses, de un sistema mucho más elaborado. Mientras tanto, los británicos, ensayan la fórmula de olor pero... para correos electrónicos.
Desde luego si este invento acaba convirtiéndose en realidad, nos encontraremos ante salas de cine galácticas (propias de cualquier novela de ciencia-ficción) en las que la gente no solo se encontrará con posavasos, y posa-palomitas (estúpidos inventos de la humanidad) sino que junto al reposabrazos encontrará dos “chismecillos” que deberá colocarse en las narices para poder oler las escenas que se proyecten.

Por mi parte, les ofrezco una mejor propuesta, que es utilizar ese invento en la proyección de la adaptación del “Perfume” de Patrick Süskind.

Mi objetivo




Miro la vida a través es un fabuloso objetivo, que me muestra colores radiantes y expresivos que el mundo guarda para algunos pocos elegidos. El poder observar tanta belleza hace que mi cuerpo tiemble y que se despierte en mí un tremendo deseo de compartir con aquellos que quiero todo lo que soy capaz de ver ahora.
Pero para mi sorpresa, encuentro que a nadie más le interesa esa visión, no comprenden mis anhelos, y la rabia se apodera de mí,… pobres ilusos, pienso. Siguen mirando al mundo como lo hace el resto de la gente vulgar, no se dan cuenta del valor de aquello que les ofrezco… ¿cómo despreciar algo tan inusual? Decido, guiada por mi propio deseo de seguir contemplando aquella vista, abandonar a todos aquellos que rechazan compartir mi visión de las cosas y embarcarme en la búsqueda de personas “más interesantes”.
Esta búsqueda hace que me sienta importante, que me considere un ser único y especial con la única misión de encontrar a otros que son como yo. Pero mi búsqueda parece no acabar nunca y aunque la visión del mundo desde mi objetivo me satisface, me siento sola. Siento que me falta algo…que la sola contemplación del mundo no puede llenar mi existencia. Así que decido valorar porque aquellos a los que un día amé se niegan a compartir aquello que les ofrezco con tanto fervor.
Los busco y los encuentro ensimismados, les pregunto entre sollozos ¿Por qué habéis cambiado? ¿Por qué me habéis abandonado?
Ellos se apresuran a contestarme:
- nosotros no hemos cambiado. Tenemos nuestro propio objetivo que nos ayuda a ver el mundo con los colores que deseamos y no necesitamos compartirlo con nadie,… porque lo maravilloso del mundo es que es diferente para cada uno de nosotros, es lo que nosotros llamamos individualidad.
-¿individualidad, dices? Grandiosa palabra, parece que los sonidos que produce resbalen entre mis dientes como queriendo ser liberados, como si el hecho de no haberla pronunciado anteriormente fuese un castigo para ella y por consiguiente, para mi.

Entonces comprendí lo equivocada que estaba, este mundo posee tantos colores, olores y formas como objetivos tienen los que viven en él. Entendí que con mi objetivo solo era capaz de ver el mundo tal y como yo quería verlo…y no podía obligar a nadie a que lo viera de esa manera, porque ella... era sólo mía.