Después de mucho esfuerzo y no menos trabajo, he conseguido aquellas metas que en un momento de desesperación logré establecer. He aprobado los exámenes, he conseguido trabajo y vuelvo a ver aquella luz que hace tiempo pensé haber perdido.
Cuando comento todas estas cosas con mis seres queridos no recibo más que elogios. Pero no puedo evitar, tener la extraña sensación de que no estoy yendo en ninguna dirección. Sino todo lo contrario…
Me veo a mi misma un año antes, y no veo ninguna diferencia. Si bien es cierto, que soy de aquellas personas que temen en demasía los cambios (aunque siempre he admirado aquellas personas impulsivas que son capaces de vivir bajo el influjo de sus emociones abandonado por completo la realidad) también es verdad que la estabilidad que controla mi vida me aterra.
Pensar que he perdido un año de mi vida (que se escapó de mis manos sin poderlo evitar) que no ha habido grandes cambios, ni grandes historias que contar, ni logros que merezca la pena mencionar, hace que conseguir las metas realistas y establecidas de antemano concienzudamente pierda todo su interés.
Realmente no sé que piensa el resto de la gente, sobre esta cuestión. Pero me encantaría saber si verdaderamente “
todo fluye” o “
todo es”. Supongo que cada cual tenemos nuestros propios dilemas personales, pero lo que si está claro es que el “
aquí y ahora” que tanto predico es quizás más adecuado para personas más emocionales y menos convencionales.
Se puede decir que en este año me han pasado muchas cosas, pero quizás todo esté en mi percepción y no sepa valorar aquello que ocurre, aquello que fluye, aquello que es…