La vida es tan solo la suma de magníficos errores

miércoles, octubre 25, 2006

La vieja pastelería.


Hoy he pasado por la vieja pastelería. Se me ha ocurrido comprar unos pequeños pasteles y llevarlos a casa.

He entrado y como siempre, la chica que trabaja allí me ha saludado muy cordialmente. Ha sonreído tímidamente y ha cogido un pequeño papel dorado y rojo con el que envuelve los pasteles, en ese momento he comenzado a sentir vergüenza. Su risa me ha hecho sentir incómoda y tonta, como si ella pudiese saber que aquellos pasteles eran para ti. Como si lo que estuviera a punto de hacer, fuera lo más estúpido del mundo. Entonces me he dicho a mi misma, ¡todo son suposiciones tuyas, ya vale!

He elegido un pastel de fresas para mi y uno de chocolate para ti. Sé que son tus favoritos y no puedo evitarlo. Me fascina la cara de niño goloso que pones cuando miras uno de esos pequeños pasteles.

Una vez fuera de la tienda con los dos pasteles en la mano, perfectamente envueltos en ese papel dorado y rojo, y con una cinta blanca en forma de lazo he pensado: - ¡Le va a encantar! ¡Están envueltos en sus colores favoritos! He sonreído y he dado la vuelta a la esquina.

Tras un par de manzanas he llegado a la puerta de casa, he metido las manos en el bolso y he sacado las llaves. Con las llaves en una mano y los pasteles en la otra me he dado cuenta de que no podía subir. De que no sabía ni siquiera si estarías allí, de que jamás te había devuelto las llaves. Y que pasado el tiempo, aunque aquella pastelería se encuentra en la misma calle, aunque nuestra casa está en el mismo lugar, aunque las llaves siguen en mi llavero,…todo ha cambiado.

Así que he dado media vuelta, he guardado las llaves de nuevo en el bolso y me he ido a casa.
Quizás otro día las necesite, quizás mañana te apetezca una visita dulce. ¿Quién sabe? Seguiré comprando pasteles siempre que me apetezca y algún día tendré el valor para subirlos de nuevo.