El infierno de Grace.

Hace un par de noches, en una cena entre amigos, comentábamos entre otros temas nuestras opiniones sobre cine. En esta ocasión, le toco el turno a mi admirado Lars Von Trier. Y en concreto hablábamos de Dogville y Manderlay. (Las dos entregas de la trilogía “América, país de las oportunidades.”)
Ambas son todo un deleite para el verdadero devorador de historias, ya que las presenta dejando de lado cualquier artificialidad que nos aparte de ellas. Abandona los decorados para mostrarnos una obra teatral en la que lo importante es la figura del narrador, la interpretación impecable de los actores y la historia. Sin embargo hace un uso exquisito del sonido para otorgarle un mayor grado de realidad y dramatismo. Todo movimiento de los actores está perfectamente acompañado por un sonido real, las pisadas sobre las piedras de la calle, los pomos de las puertas, los gruñidos del perro, etc.…
También es destacable el uso de música de cámara para las escenas de mayor intensidad dramática.
Al principio, para todos los que estáis acostumbrados al cine comercial, puede parecer extraña y desconcertante la falta de recursos de decorado. Pero durante el transcurso de la historia dejas de notar su falta y hasta comienzas hacer un ejercicio de imaginación (como cuando lees un buen libro) y la calle del álamo comienza a estar asfaltada, comienzas a ver los viejos dinteles de las puertas e incluso puedes imaginarte qué cuadros colgarían de las paredes de la consulta del doctor.
Dogville, la había visto ya hace más de un año. Pero la segunda, la conocí gracias a que alguien del trabajo me habló de ella.
En Dogville, la primera historia de Grace, se nos muestra la vida de un pequeño pueblo de Colorado. Pueblo ajeno a todo lo que pasa tras el angosto paso de carretera que llega hasta él, al que termina llegando la inocente Grace. Es un personaje fascinante, la elección de Nicole Kidman y posteriormente de Bryce Dallas Howard es perfecta. Ambas mujeres presentan físicamente una gran fragilidad (caras dulces, piel blanca y una fisionomía enclenque) solo contrarestada con la fuerza que extraen de los férreos ideales de su personaje.
Como toda buena historia de xenofobia, a los tranquilos habitantes de aquel lugar no parece agradarles su presencia ya que como dicen “nadie la necesita” pero poco a poco se van dando cuenta de lo útil que resulta tener a alguien con la imperiosa necesidad de se aceptado. Alguien que hará cualquier cosa para formar parte de algo “superior” a sí mismo. Todo el pueblo decide aceptar a Grace, no sin antes exigirle un elevado precio de sumisión y servidumbre. Ha de ganarse el derecho a vivir allí. Y ha de ganárselo con creces, dejándose humillar y sin tener derecho a elegir sobre su propia vida.
Pues bien, esta situación es la que viven millones de inmigrantes en todos los países desarrollados. Llegan a un lugar donde sus gentes se consideran un grupo unificado, en oposición al extranjero. Trabajan en lugares donde deben ser, o por lo menos parecer, seres superiores a la media. Deben ganarse el derecho a respirar el mismo aire que nosotros respiramos, y eso solo se consigue siendo una persona excepcional. A pesar de que el grupo al que quieran unirse no pueda ni siquiera compararse con la suela de su zapato.
Este es el caso. Todos en Dogville tienen algo que ocultar. Poseen un lado oscuro que son incapaces de reconocer pero que es sabido por todo el pueblo. Ese ambiente de falsas apariencias, Grace se convierte en la exponga de sus peores pecados. Porque cuando nuestros instintos se apoderan de nosotros, demostrando así que somos humanos, es mejor culpar al que es diferente y seguir ocultándonos tras la cortina de la socialización.
La vida de Grace se convierte en un verdadero infierno, puesto que aquellos a los que tanto deseaba agradar se sienten inseguros cuando entienden que ella ha sido capaz de ver que en absoluto son perfectos, como tratan de mostrar, y aún la temen más cuando al no poder achacarle las mismas debilidades esta decide no revelarse y aceptar que son imperfectos y que por lo tanto debe perdonar las insidias a las que ha sido sometida durante su estancia en Dogville. Ella se resiste con todas sus fuerzas a tratar a las gentes del pueblo de la misma manera. Trata de ser el máximo exponente de la bondad, acorde con su idealismo, pero todos sus esfuerzos solo la llevan a ser utilizada por aquellos a los que en su inocencia considera “amigos” (como es el caso de Tom)
Para mí la historia de Grace, tanto en Dogville como en Manderlay, es una historia de desengaño con la raza humana. Son historias en las que Grace se va deshaciendo de su ingenuidad e idealismo infantil, para darse de bruces con la retorcida naturaleza humana.




