La vida es tan solo la suma de magníficos errores

domingo, mayo 21, 2006

El infierno de Grace.





Hace un par de noches, en una cena entre amigos, comentábamos entre otros temas nuestras opiniones sobre cine. En esta ocasión, le toco el turno a mi admirado Lars Von Trier. Y en concreto hablábamos de Dogville y Manderlay. (Las dos entregas de la trilogía “América, país de las oportunidades.”)

Ambas son todo un deleite para el verdadero devorador de historias, ya que las presenta dejando de lado cualquier artificialidad que nos aparte de ellas. Abandona los decorados para mostrarnos una obra teatral en la que lo importante es la figura del narrador, la interpretación impecable de los actores y la historia. Sin embargo hace un uso exquisito del sonido para otorgarle un mayor grado de realidad y dramatismo. Todo movimiento de los actores está perfectamente acompañado por un sonido real, las pisadas sobre las piedras de la calle, los pomos de las puertas, los gruñidos del perro, etc.…
También es destacable el uso de música de cámara para las escenas de mayor intensidad dramática.
Al principio, para todos los que estáis acostumbrados al cine comercial, puede parecer extraña y desconcertante la falta de recursos de decorado. Pero durante el transcurso de la historia dejas de notar su falta y hasta comienzas hacer un ejercicio de imaginación (como cuando lees un buen libro) y la calle del álamo comienza a estar asfaltada, comienzas a ver los viejos dinteles de las puertas e incluso puedes imaginarte qué cuadros colgarían de las paredes de la consulta del doctor.

Dogville, la había visto ya hace más de un año. Pero la segunda, la conocí gracias a que alguien del trabajo me habló de ella.
En Dogville, la primera historia de Grace, se nos muestra la vida de un pequeño pueblo de Colorado. Pueblo ajeno a todo lo que pasa tras el angosto paso de carretera que llega hasta él, al que termina llegando la inocente Grace. Es un personaje fascinante, la elección de Nicole Kidman y posteriormente de Bryce Dallas Howard es perfecta. Ambas mujeres presentan físicamente una gran fragilidad (caras dulces, piel blanca y una fisionomía enclenque) solo contrarestada con la fuerza que extraen de los férreos ideales de su personaje.

Como toda buena historia de xenofobia, a los tranquilos habitantes de aquel lugar no parece agradarles su presencia ya que como dicen “nadie la necesita” pero poco a poco se van dando cuenta de lo útil que resulta tener a alguien con la imperiosa necesidad de se aceptado. Alguien que hará cualquier cosa para formar parte de algo “superior” a sí mismo. Todo el pueblo decide aceptar a Grace, no sin antes exigirle un elevado precio de sumisión y servidumbre. Ha de ganarse el derecho a vivir allí. Y ha de ganárselo con creces, dejándose humillar y sin tener derecho a elegir sobre su propia vida.

Pues bien, esta situación es la que viven millones de inmigrantes en todos los países desarrollados. Llegan a un lugar donde sus gentes se consideran un grupo unificado, en oposición al extranjero. Trabajan en lugares donde deben ser, o por lo menos parecer, seres superiores a la media. Deben ganarse el derecho a respirar el mismo aire que nosotros respiramos, y eso solo se consigue siendo una persona excepcional. A pesar de que el grupo al que quieran unirse no pueda ni siquiera compararse con la suela de su zapato.

Este es el caso. Todos en Dogville tienen algo que ocultar. Poseen un lado oscuro que son incapaces de reconocer pero que es sabido por todo el pueblo. Ese ambiente de falsas apariencias, Grace se convierte en la exponga de sus peores pecados. Porque cuando nuestros instintos se apoderan de nosotros, demostrando así que somos humanos, es mejor culpar al que es diferente y seguir ocultándonos tras la cortina de la socialización.

La vida de Grace se convierte en un verdadero infierno, puesto que aquellos a los que tanto deseaba agradar se sienten inseguros cuando entienden que ella ha sido capaz de ver que en absoluto son perfectos, como tratan de mostrar, y aún la temen más cuando al no poder achacarle las mismas debilidades esta decide no revelarse y aceptar que son imperfectos y que por lo tanto debe perdonar las insidias a las que ha sido sometida durante su estancia en Dogville. Ella se resiste con todas sus fuerzas a tratar a las gentes del pueblo de la misma manera. Trata de ser el máximo exponente de la bondad, acorde con su idealismo, pero todos sus esfuerzos solo la llevan a ser utilizada por aquellos a los que en su inocencia considera “amigos” (como es el caso de Tom)

Para mí la historia de Grace, tanto en Dogville como en Manderlay, es una historia de desengaño con la raza humana. Son historias en las que Grace se va deshaciendo de su ingenuidad e idealismo infantil, para darse de bruces con la retorcida naturaleza humana.

domingo, mayo 14, 2006

¿Compartimos un taxi?

Era una noche como cualquiera, mi amiga me había suplicado que nos viéramos en el centro, que necesitaba verme, que pronto se marcharía y que quería que pasáramos las últimas horas que estaría en la ciudad, juntas.

El reloj de mi ordenador marcaba la una de la madrugada, había estado toda la tarde escribiendo, tenía los ojos cansados y la espalda me molestaba por haber pasado horas sentada en la misma postura. Aún no había terminado de escribir pero me encontraba en uno de esos momentos en los que parecía que por mucho que escribiera nada iba a acabar de convencerme del todo.
Así que en estas condiciones, decidí que era más provechoso hacer aquel viaje al centro y disfrutar de aquella compañía. Pensé que con la hora que era aún tenía tiempo para coger uno de esos autobuses nocturnos, que tantas otras veces me habían devuelto tras interminables horas de pasión a la fría realidad de mi vida normal.

Me dirigí a la parada y observé que según los horarios marcados solo faltaban 10 minutos para que pasara el último coche. Menuda suerte- pensé.
Comencé a esperar el autobús sola, con la única compañía de la música de mi mp3 cuando de repente apareció él. Era un hombre bajito, moreno con el pelo corto y una gran sonrisa que me dedicó nada más llegar a la parada. Vestía una camiseta blanca, chaqueta de lana negra y vaqueros. Tímidamente me preguntó si aún pasaba algún autobús por allí. Le dije que sí que según el horario no faltaría mucho para que llegara el último. Bueno, pues esperaremos juntos- contestó y volvió a dedicarme otra sonrisa.
Mientras los minutos pasaban, yo no podía dejar de mirarlo. Observaba su ropa, su manera de moverse y al mismo tiempo no podía dejar de pensar en que pronto pasaría el autobús y ya no podría mirarlo más.

Con una estúpida excusa, como la de pedirme fuego, comenzamos hablar. Pareció como si el tiempo se detuviera, hablamos de arte, de otras ciudades, de otros países, de las diferencias culturales y porqué no de nosotros mismos. Cada palabra que salía de su boca lo hacía más tractivo ante mis ojos. Comencé a notar una atracción inmensurable que me recorría y que ya hacía bastante tiempo había dejado de sentir. En aquellos instantes, en los que yo me regodeaba en aquellas emociones olvidadas, fue cuando sonó el teléfono. Era mi amiga, extrañada por no haber acudido a nuestra cita. Entonces miré el reloj del móvil (no suelo llevar reloj de pulsera) habían pasado más de 50 minutos y casi no lo habíamos notado. Habíamos creado una especie de burbuja con nuestra conversación y nuestras miradas, que había hecho que nos olvidáramos de cual era nuestro destino.

Devuelta de nuevo a la realidad, le comenté a mi acompañante la hora que era y que posiblemente por allí ya no pasarían más autobuses. Él me ofreció una posibilidad diferente, si pasaba algún taxi lo compartiríamos. En ese momento una mujer de la que no nos habíamos percatado detuvo el único taxi que por allí pasaba. Decidido se dirigió hacia ella y le preguntó ¿te importa si compartimos el viaje? No llegué a escuchar las palabras de aquella mujer pero él me hizo una señal con la cabeza y me dirigí al taxi.

Me encontraba en una situación cuanto menos extravagante, ya que estaba sentada en un coche con dos personas que no conocía. Pero no me importaba, no me sentía insegura y realmente no quería pensar en las consecuencias de esa acción, tan solo quería disfrutar de su compañía.

A los cinco minutos de viaje, se giró hacia mí y me dijo:

–Por cierto, me llamo Sebastián.

Me dio dos besos en las mejillas y respiré aliviada, ya que el objeto de mi deseo tenía un nombre al que poder referirme. Y era un nombre no muy corriente como si fuera un nombre destinado sólo a personas como él.

Durante el viaje, que para mí duró apenas unos minutos, seguimos nuestra interesante conversación detenida por el sonido de mi móvil. Y yo disfrutaba de nuestra mayor proximidad física.
De pronto, el taxi se detuvo. Él había llegado a su destino pero yo aún debía recorrer más trayecto para recoger a mi amiga. Cuando salió del taxi, no pude evitar poner una de esas miradas tristes de los anuncios de mascotas. No sabía como podía hacerle saber que no quería que aquello terminara ahí. Entonces volvió a meter la cabeza en el coche y se despidió de mí con un bonito beso en los labios y un:

- volveremos a compartir un taxi.

jueves, mayo 11, 2006

Sobre el amor


Algunos comentarios sobre el amor sin egoísmo en otros blogs me han hecho pensar. Así que aquí dejo un par de líneas para que reflexionemos un poco más al respecto.

Te encuentro…
Te escucho…
Te hablo…

Te abrazo…
Te beso…
Te tengo…
Te aprieto…
Te abrazo…
Te absorbo…
Te asfixio

¿Te quiero?

SIN U

Escribiendo sin "U"
puedo hablar de mi cansancio,
de lo mio, del yo,
de lo que tengo,
de lo que me pertenece...
hasta puedo escribir de él,
de ellos
y de los demás.


Pero sin "U"
no puedo hablar de ustedes,
del tu,
de lo vuestro.
no puedo hablar de lo suyo,
de lo tuyo,
ni siquira de lo nuestro.

Así me pasa...
A veces pierdo la "U"
y dejo de poder hablarte,
pensarte,amarte,decirte.

Sin "U" yo me quedo pero tú desapareces...
Y sin poder nombrarte,
¿cómo podría disfrutarte?
Como en el cuento...si tú no existes
me condeno a ver lo peor de mí mismo
reflejándose eternamente
en el mismo,
mismísimo,
estúpido
espejo.

B.J


MATAN LO QUE AMAN
Y todos los hombres matan lo que aman,
que lo oiga todo el mundo,
unos lo hacen con una mirada amarga,
otros con una palabra zalamera;
el cobarde con un beso,
¡El valiente con una espada!

W,O.

sábado, mayo 06, 2006

Aquellas noches



Los primeros rayos del sol se deslizaban con suavidad por la habitación, incidiéndose sobre su cara, clavándose en su alma como pequeñas astillas que se quedarán junto a ella para siempre.

La claridad del día rompía el idílico silencio, mientras, la frialdad se fundía al contacto con la luz.

Entonces comenzó a llorar, trató de ocultarse tras la blanca colcha que cubría la cama, intentando escapar del día y se dejó envolver por la melancolía. Entones, decidió levantarse y anduvo apoyada en las paredes de la habitación hasta que cayó al suelo casi sin respiración.

Los celos se hacían dueños de sus pensamientos, ecos de la traición que la hacían enloquecer. Ello la condenó a la soledad eterna, sin más esperanza que el tiempo o la muerte, haciéndole olvidar la belleza humana, el calor de un beso o los secretos que se ocultan tras caricias y miradas.

Una vez más, la luz del día había hecho desaparecer su recuerdo y volvió a sentir aquel dolor que tanto la atormentaba. Él, que durante horas la abrazaba, que se mostraba frío y distante mientras ella disfrutaba de su paz y dormía anestesiada por su aroma. Ese al que tanto ansiaba, comenzaba a desvanecerse con los primeros rayos de luz.

Pensó desolada en el tiempo, que testigo de su dolor, la cautivaría hasta el anochecer. Sentía cómo su piel se desgarraba cada vez que un haz de luz se posaba sobre ella arrancándole su felicidad.

Entonces comenzó a notar que el despertar del día iba haciéndose cada vez más lento, que dejaba de escuchar los sonidos provenientes de la calle y que comenzaba a oír un pequeño sonido irregular. Decidió aprovechar la oportunidad que le brindaban esos segundos de paz para correr todas las persianas de la casa y quedar de nuevo al amparo de aquella oscuridad.

Era uno de esos días de verano en los que las noches se retrasan sin compasión. Ella había permanecido en la oscuridad de su hogar durante horas, esperando que llegara la noche, esperándolo (como todas las demás noches) a él.

Con la llegada de la noche decidió partir. Salió de casa en dirección a la playa. Una vez en aquel lugar, respiró profundamente inundando sus pulmones de la magia que le rodeaba y extendió sus brazos hacia el vacío.

Entonces dio el paso que la llevaría a la eternidad, sintió como el mar se apoderaba de su cuerpo desnudo y su vida se escapaba con cada gota de agua salada que entraba en sus pulmones.

Entonces se limitó a sonreír y pronunció un "te quiero" que tan solo la noche pudo oír.


Dedicado a I.

jueves, mayo 04, 2006

Translúcida




Ya pasó bastante tiempo desde que me dispuse a escribir,
y hasta ahora mi papel siente que aún existo,
pues espero poder exhalar de este cuerpo translúcido,
de este sentimiento opaco de desesperación por tí...

y es que ya el mismo tiempo se encargó de describirte
como un relámpago en la noche de mi emoción,
como un roce de tu cuerpo que el viento me robó,
como una barca cuya ancla estaba hecha de pasión...

fue mi error tratar de colmar mi alma con tus besos,
esos besos que me embriagan y me hacen olvidar
que lo que busco es la luz de un alma atormentada,
una luz inconstante para mi poesía pausada y sombría.

Ahora tras el ocaso de aquel arrebato de pasión
aclaro que no fuiste una elección venenosa...
sino la respuesta incorrecta a mis ansias de vida,
como una copa de vino para una sed intranquila...

martes, mayo 02, 2006

Érase una vez...



Érase una vez…todos los cuentos e historias que nos han contado a lo largo de nuestra vida comienzan con esta exquisita premisa. Parece que cualquier historia que no esté precedida de estas tres palabras no contiene una experiencia vital reafirmante o una lección lo suficientemente sabia como para prestarle la adecuada atención.

Cierto es que el érase una vez…, nos hace pasar en un tiempo vivido, en un espacio pasado indeterminado en el que quizás las cosas fueron mejores para aquellos que los sufrieron. Correspondería por tanto con aquel famoso dicho de que; “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Pero como cualquier afirmación categórica ¿podemos estar seguros de que así es? Desde nuestro pequeño prisma del mundo podemos diferenciar los matices que el mundo, en conste cambio, nos ofrece pero somos incapaces de apreciar aquello de lo que disfrutamos en contraposición a aquello con lo que disfrutaban nuestros ancestros.

Tendemos a pensar en el pasado como algo excepcional, como si aquellas magnificencias mitificadas por el arte no pudieran volver a repetirse. Y en cierto modo, jamás se repetirán, no del mismo modo, nunca igual, recordemos que ya sabemos que jamás nos podremos bañar en un mismo río dos veces, porque si hay algo que caracteriza a la dimensión temporal es el hecho de la unidireccionalidad.

El tiempo pasado no puede repetirse, del mismo modo que el sueño perdido durante una noche de insomnio jamás se recupera. Sin embargo las personas seguimos atadas a nuestros pasados como si se tratase de lastres que no nos dejan flotar y nos hunden poco a poco en el más profundo de los océanos. Las operaciones de estética son la prueba más fehaciente de aquello de lo que os hablo, la gente desea recuperar la belleza que poseían cuando tenían 20 años sin llegar a comprender la utopía que supone, aquel tiempo ya pasó, voló como tantas otras cosas que nos suceden y hoy por hoy, la belleza que posees es la única que serás capaz de conseguir.

Pero este inmensurable deseo humano de recuperar aquello vivido es en lo que se fundamenta toda la publicidad que nos rodea, anuncios de cremas anti-arrugas, para evitar la alopecia masculina, recopilatorios de series de nuestra infancia, canciones para pensar en tiempos mejores, cremas para perder aquellos “kilos de más”, tintes para cabellos canosos y como no la “astuta” Corporación Dermoestética que nos dice: “si estás bien ahora, mañana puedes estar mejor”.

Pues debemos detenernos y decir ¡basta ya! Deberíamos apreciar nuestros cambios como lo que son; evoluciones de nosotros mismos. Evoluciones que contrariamente a lo que los científicos piensan no poseen una dimensionalidad evaluativa sino que son simplemente eso, cambios. Si queremos comenzar a cambiar esta estructura obsoleta, comencemos a contar nuestros cuentos con la siguiente fórmula: Hoy en día, en algún lugar…
Demostremos que el presente es lo importante y que somos nosotros “aquí y ahora” los que lo estamos escribiendo.

Dedicado a todos los gestálticos que dejen atrás el pasado y miren hacia delante sin preocuparse en el ayer ni el mañana.